Un niño que no para, uno que no termina la tarea, uno que explota por nada. Muchas veces se lee como falta de voluntad o de límites, y se responde con más presión.
Diamond muestra que el estrés es lo primero que deja fuera de juego a las funciones ejecutivas: "si uno está triste, estresado, solo o no está físicamente bien, lo primero que sufre es la corteza prefrontal". Por eso pide pensar, antes de etiquetar, qué está viviendo ese niño.
Y cambia la pregunta en el aula y en el consultorio: "un niño se puede estar portando muy, muy mal porque está dolido y tiene miedo a que lo vuelvan a lastimar. Si la conducta proviene del dolor, podemos reaccionar de manera totalmente distinta."